La niña y el unicornio

Hace muchos años, en la ciudad de Zaragoza, en el reino de Aragón, sucedió algo fantástico. Entre el río Ebro y el palacio de La Aljafería, había una gran casa con un jardín. Los muros que lo rodeaban eran muy altos, porque sus habitantes no querían que nadie en la ciudad se enterase de que tenían un unicornio blanco en el jardín.

¿Sabéis lo que es un unicornio?

Una niña acaricia un unicornio, sentados sobre la hierba en un jardín.

Es como un caballo, pero con un largo cuerno en medio de la frente. Los unicornios no se acercan a los humanos. Solo permiten que les toquen las niñas que tienen el corazón limpio. En esa casa había una. Se trataba de una niña preciosa, que vivía feliz con su unicornio en el jardín de la casa. Pero cada vez que salía a pasear por el río o por la ciudad, tenía que dejar encerrado al unicornio en el jardín.

—Déjame sacar al unicornio al río —le pedía a su madre—. Déjale ver la puesta de sol en el Ebro desde el Puente de Piedra. Déjale que conozca Zaragoza.

—No, hija. Hay gente muy mala que le querría hacer daño.

Así pasaban los días. Por las mañanas, el unicornio se acercaba a la cama de la niña y la despertaba lamiéndole la cara. Salían a correr por el jardín y la niña le adornaba sus crines con preciosas flores. Se tumbaban en la hierba y escuchaban el canto de los pájaros. Se miraban en el espejo y se reían y jugaban con el mono pequeño que también vivía en el jardín. Cuando llegaba el atardecer, el unicornio se sentaba en la hierba, la niña le abrazaba y el mono se acurrucaba a su lado.

Pero un día que nadie se dio cuenta, decidió salir con él al río. Abrió la puerta de la casa y le animó a seguirle. El unicornio dudaba, pero confiando en la niña, la siguió. Paseando por la orilla del río, el unicornio trotaba feliz con la niña encima. Nunca había conocido algo así.

De repente, apareció un ser gigante, horrible. Parecía hecho de barro. Dio un gruñido y se dirigió hacia ellos. El unicornio regresó a casa trotando.

No les dio tiempo a cerrar la puerta y el monstruo entró con ellos, persiguiéndoles por el jardín y destrozándolo todo. El mono gritaba fuerte, subido a un árbol. Los pájaros habían levantado el vuelo. Con el jaleo, salió la madre de la niña y vio lo que estaba sucediendo, además de contemplar la puerta abierta.

—Te lo dije. No podemos enseñar el unicornio. Un hechicero quiere secuestrarlo.

De repente, el mono saltó sobre la cabeza del monstruo, intentando pararlo. Con sus pequeñas manos, sin quererlo, borró una frase que tenía escrita en la frente. Entonces, el monstruo se quedó quieto. Mientras el mono celebraba su triunfo dando saltos, la niña y el unicornio lo observaban aterrorizados.

—Vaya, así que era un gólem —dijo la madre, acercándose con curiosidad.

—¿Un gólem? —se extrañó la niña.

—Los gólems son seres de barro, que cumplen las órdenes que alguien escribe en su frente. El hechicero debía de haberle escrito que le llevara a un unicornio. Nuestro monito se la ha borrado.

El mono, sintiéndose aludido, saltó al hombro de la mujer, que lo acarició con cariño.

—No podemos dejarle marchar. El hechicero volverá a escribirle la orden y ahora el gólem sabe dónde vivimos.

—Que se quede con nosotros —dijo la niña levantándose.

La niña se acercó al gólem y observó ese gigantesco ser. Cogió un trozo de carbón y llamó al unicornio, para que le ayudase a trepar hasta su cabeza. El animal le ayudó a subirse a su grupa y, puesta de pie sobre el unicornio, subió por el gólem hasta su frente. Con el trozo de carbón, escribió en su frente: Esta es tu casa. En ese momento, los ojos del gólem miraron a la niña. Con sus grandes manos, la cogió y la dejó en el suelo.

Desde entonces, la niña jugaba en el jardín con el unicornio, el gólem y el pequeño mono. Al anochecer, se tumbaban en la hierba y se pegaban largas horas observando las estrellas.

Así los encontré yo, cuando pasé por allí. Saqué mi libro de cuentos y me senté junto a ellos.

—Recuéstate, gólem. Escucha, monito. Acomódate, mi querida niña, y abraza al unicornio. Cerrad los ojos y prestad mucha atención.

Nuestro viaje está a punto de comenzar.

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