Los malhechores torpes

Una dama y un caballero se abrazan con cariño, mientras tres malhechores están tirados en el suelo, doloridos.

Un día, en el reino de Camelot, el caballero sir Lancelot salió a dar un paseo con lady Enid. Cuando se adentraron en el bosque, salieron tres malhechores, con palos y dagas.

—¡Dadnos todo lo que lleváis! —gritó uno de ellos amenazándoles con un largo cuchillo.

Sir Lancelot sacó la espada rápidamente y, de un golpe, le tiró el cuchillo al suelo. Otro de los malhechores le amenazó con un palo y el tercero, se colocó detrás de él. Sir Lancelot le tiró el palo con la espada, pero el que se había colocado detrás de él le lanzó una cuerda al cuello. A sir Lancelot se le cayeron la espada y el escudo, mientras agarraba la cuerda para no ahogarse. Entonces, los dos malandrines se abalanzaron sobre él, para pegarle.

En ese momento, lady Enid cogió la espada y el escudo de sir Lancelot y le dio un fuerte golpe en la cabeza a uno de ellos, haciendo que cayese al suelo. El otro se volvió hacia lady Enid y ella le golpeó con el escudo en el trasero, tan fuerte, que cayó muy dolorido. El que estaba sujetando a sir Lancelot con la cuerda se soltó y retrocedió. Entonces, lady Enid le golpeó con el escudo en la cabeza.

Una dama y un caballero se abrazan con cariño, mientras tres malhechores están en el suelo, doloridos.

La dama le devolvió a sir Lancelot el escudo y la espada. El caballero la rodeó con el brazo.

—Menos mal que estabas conmigo.

Dama y caballero volvieron a Camelot y dejaron a los tres ladrones en el suelo doloridos. Ahí fue cuando aparecí yo. Le di una colleja a uno de ellos.

—Pero ¿qué…?

Le di una colleja al segundo.

—¿Quién ha sido?

—¡Mira! Es un goblin… ¡Ay!

Y le di otra colleja al que faltaba. Me senté en el suelo y abrí mi libro de cuentos.

—No tenéis que molestar a las personas. Acercaos y os leeré un cuento.

—¿Un cuento? —dijo uno de los malandrines.

—Sí. Así aprenderéis a ser mejores personas.

Los tres malhechores se sentaron a mi lado y comencé a contarles.

—Acomodaos, gamberros. Cerrad los ojos y prestad mucha atención.

Nuestro viaje está a punto de comenzar.

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